viernes, 6 de marzo de 2009

la dama del vestido azul (segunda parte)

Bridget se estremecióal recordar el día en que su madre
encontró un bulto en su propio seno, cuando ya era demasia-
do tarde para remediarlo. El cáncer se había extendido y
acabó con ella en menos de seis meses.
Con los dos dedos temblorosos, marcó el número del doctor
Sheldon. Fue su enfermera luego de divorciarse, durante el
tiempo en que su hija Molly estuvo en preprimaria. Ahora,
veinte años después, seguía siendo si ginecólogo.
La recepcionista no perdió el tiempo al percibir el miedo
en la voz de Brigdet.
-Te voy a hacer un hueco antes de las citas de esta tarde.
Trata de no pensar lo peor. Algunas de estas protuberancias
son quistes.
Bridget lo sabíá, pero también sabía que en su familia ha-
bía casos de cáncer: no sólo su madre lo habíá padecido, sino
también dos de sus tías. Su tía Teresa sucumbió a los cuarenta
años pot cáncer cervical seguido de una histerectomía, y su tía
Alicia murió de cáncer pulmonar después de fumar dos pa-
quetes y medio de cigarrillos sin filtro al día durante veintiseís
años.